11 enero, 2014

Hoy soy como esa abeja... y como esa persona.

Y de nuevo mi blog esta abandonado a su suerte, con la esperanza de que algún lector le encuentre sentido a mis palabras y que por ellas pueda encontrar algo de sentido en su vida.



Hoy vi que había una abeja en el agua de mi piscina y ... ella luchaba, sus alas estaban mojadas pero ella luchaba por su vida -supongo que ese no es solo un instinto humano- y lo primero en lo que pensé fue en rescatarla, pero luego pensé que quizá si la sacaba del agua ella podría atacarme y enterrarme su aguijón y fue cuando me di cuenta de que a nosotros nos pasa lo mismo, lo primero es que queremos rescatar a esas personas de su abismo pero nos da miedo su reacción, pensamos que quizá ellos nos atacaran y solo por eso lo dejamos pasar, pero por otra parte podemos ser esa abeja y ahí tenemos dos opciones, temer y desconfiar de quien nos rescato y de sus intenciones y automáticamente activar nuestro mecanismo de defensa sin pensar en que él nos salvo la vida, o podemos simplemente confiar y dar las gracias aunque claro la ultima opción en estos días es cada vez mas difícil, así como es difícil confiar en que la abeja no te atacara también es difícil que la abeja piense que solo querías salvar su vida. Y así por culpa de quienes defraudaron, cada día mueren mas abejas, y como ellas personas que se hunden en su oscuridad.
Pero sabes, no culpo a ninguna, ni a la persona por no rescatar a la abeja ni a la abeja por desconfiar de ella, pero una cosa si hay, si esa persona se arriesga puede resultar herida o puede cambiar una vida, solo intentemos arriesgarnos un poquito mas; la mayoría de las heridas se logran curar, las vidas no se pueden recuperar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario