Juzgué mi necesidad de otros, juzgue mi sosiabilidad, juzgue mis ganas de otros, juzgue mi resistencia a la soledad, juzgue mi vida, juzgue mi propio ser y capacidades. Juzgue y me equivoqué; si necesito de otros, si los necesito, si me hacen falta... Tuvieron que pasar 4 años para que pudiera ver qué soy diferente a lo que siempre pensé, 4 años para darme cuenta que la soledad, aunque la disfruto, es muy dura para mí como para vivir en ella.
Que lindo es llenar el alma con risas de los demás.